Historia de la “dragée” o peladilla

Cuando Julius Dragatus, célebre confitero romano, dejó caer por inadvertencia una almendra en una jarra de miel, no podía imaginarse que ese torpe gesto iba dar a luz a la más delicada, la más fina, la más lisa y la más crujiente de las especialidades de la confitería francesa que se aprecian tanto aún.

El éxito de su invento fue tal que la ilustre familia patricia de los Fabius, de la cual era el confitero particular, hizo distribuir “dragati” al pueblo romano con motivo de los banquetes ofrecidos por el nacimiento del pequeño Quintus Fabius, en 177 A.C.

Las “dragati” o “dragées” eran deliciosos caramelos preparados con almendras, nueces y especias envueltas en miel que se acostumbró a ofrecer en señal de alegría para las ceremonias públicas como privadas (nacimientos, bodas…)

Fue Catalina de Medicis, coronada reina de Francia en 1533 quién permitió desarrollar la confitería en Francia trayendo con ella confiteros y heladeros italianos cuyos productos fueron muy apreciados en la Corte de Francia. Así, se puso de moda la pastilla florentina parecida a la “dragée” o peladilla actual que inventó más tarde el confitero francés Pecquet. .

La “dragée” fue muy apreciada hasta el punto de ser ofrecida al pueblo con motivo de las coronaciones reales como la de Napoleón en 1806 en la cual se decoraron tres arcos de triunfo con “dragées”. Luis XIV ordenó incluso distribuirla a los niños en los colegios el primer día del año.

En 1760, el confitero Pecquet fue el proveedor oficial de “dragées” de la Corte. Se puso entonces de moda, en el mundo aristócrata, tener cajitas, pequeñas bomboneras, “drageoirs” de bolsillo, llenas de caramelos que se ofrecían tantos a las señoras como a los señores, casi como se ofrece un cigarro hoy.